Si duermes mal, tu ánimo cambió y tus marcas bajaron a la vez, el problema no es falta de voluntad.
Entrenar duro todos los días no es sinónimo de progreso. El músculo no crece en el entrenamiento, crece en la recuperación — si nunca le das ese espacio, el estímulo deja de sumar y empieza a restar.
Señales típicas: rendimiento que baja semana a semana pese a entrenar igual o más fuerte, sueño irregular, irritabilidad, resfríos más frecuentes de lo normal y una sensación de fatiga que el café ya no arregla.
La solución no es dejar de entrenar, es programar la recuperación con la misma seriedad que el entrenamiento: al menos un día completo de descanso a la semana, dormir 7–8 horas, y una semana de descarga (menos volumen o intensidad) cada 6–8 semanas de entrenamiento sostenido.
Si llevas más de dos semanas con estas señales, habla con tu preparador antes de forzar otra serie más. Ajustar el plan a tiempo es lo que te mantiene entrenando en 12 meses, no en 12 semanas.
¿Dudas sobre tu entrenamiento?
Pregúntale a tu preparador en sala
Siempre hay un coach en piso durante el horario de atención.
Escríbenos



